Rendición


La lucha del hombre está contra su propia naturaleza.

Naturaleza que lucha intensamente por controlar, por resguardar, por cerrar nuestras vidas a la posibilidad de cambio y mantenernos en aquellos caminos que por tanto tiempo hemos recorrido y repetido.

La naturaleza yace en la vanidad nacida de un corazón perturbado por sus propios miedos; lucha por tomar control de lo incontrolable, independiente del dolor que esto produzca.

Todos conocemos este problema de algún modo u otro. Nos topamos con problemas en nuestras vidas los cuales no podemos controlar y, una vez agotadas las opciones de aquello que podemos hacer, tendemos a caer en la ansiedad de aquello que nunca nos correspondió.

Algunos, también, nos obsesionamos en inventar formas para sentir que algo está bajo nuestro control cuando, a todas luces, no lo está.

La ilusión de control en algún momento se rompe y nace el dolor de sabernos vulnerables, expuestos, incapaces de hacer algo para cambiar nuestras situaciones; sabernos humanos.

Distraerse es una opción, pero la verdad permanece ahí, latente. Puedes distraerte pero el miedo así solo avanza.

¿En qué descansamos? ¿Qué tiene que cambiar?

Todo, y nada.

Todo: Las expectativas de tu propia vida, sus frutos y los caminos que te llevarán ahí.

Y nada: La idea de que existe algo que tú puedas hacer para cambiar las cosas y dejarlas justo como quieres.

¿El fruto? La oportunidad de comenzar a hacer lo que está a tu alcance hacer, ya libre de la presión de lo que puede o no ocurrir, eres libre de caminar...


Y luego...

Un paso, otro paso.

Miras hacia arriba, el día no estaba tan oscuro como creías.

Miras hacia al lado, hay gente a tu alrededor la cual pasa por lo que tú: Acompáñense.

No estabas solo, pero te sentías solo, ¿no?


Ahora, eres libre.

Ahora puedes mirar a tu alrededor, tomar aire, poner algo de música, dar un próximo paso y enfocarte en vivir.

¿Y lo que puede ocurrir o no? No está en tus manos, y eso es bueno. Quizás como tú y yo nos quitaríamos todo lo malo y dejaríamos solo lo bueno. No quedaría una vida que vivir.

¿Y qué está en tus manos? Tener la fe, emprender el nuevo camino, aprender del camino.


¿Caiste? Bien, quiere decir que no estabas quieto.

¿Lograste algo? Bien, aprende y elige el nuevo norte hacia el que caminar.

Pero de repente, te acordaste: ¿Qué ocurrió con ese algo que temías que ocurriera?


Quizás ocurrió y ni te percataste, porque ibas caminando.

Quizás pasó algo parecido, pero estabas caminando y no te dio tiempo a percibirlo.

Quizás lo notaste y te perturbó, pero te alentaste recordándote que no está en tus manos, y seguiste caminando.


La verdad era que sí es más simple... Una vez renuncias.

¿Renunciar a qué? A que tú tienes el control, porque no lo tienes.

Ni yo, y eso está bien.

Para mí, para muchos, es Dios quien está bajo control; fue Jesús quien nos mostró cómo se vive esa vida genuina, en presencia y amor; sometido a la voluntad del Padre.

¿No te gustaría confiar en el Dios que tiene tu mejor interés en su corazón, que tiene buenos planes para tu vida y que te acompañará paso a paso en el camino?

Búscale, humíllate y acéptale; sométete a lo que Él pide de tí, y avanza.


¿Terminarán los malos días?

No.

¿Cesarán las luchas?

Tampoco.

¿Por qué, entonces, creer?

Porque Él sí cree en tí, y Él sí tiene planes para tu vida, y Él te acompañará a lo largo de todo el camino.

Porque tú y yo fuimos creados por Él para recibir primero Su perfecto amor, no el que nos puede ofrecer el mundo. (1 Juan 4:18)

Porque si no, el vacío prevalece, la desorientación se sostiene, el dolor y la tensión aumenta. Somos humanos y no dioses; no está en nuestro diseño.


"Dueño de todo, poseedor de nada.

Todo lo busca, pero nada encuentra;

todo lo quiere, pero nada posee."


Renuncia, date por vencido. No eres dios, nunca lo serás.

Permite que Dios sea dios, y tú, sé humano.

Encontrarás alivio, paz, quietud.


Confía, descansa, avanza.

Descansa en el buen Dios que te está cuidando.

Confíale tus sendas y deseos; tus caminos y aspiraciones.

Si te entrega algo, regocíjate en ello, dale las gracias.

Si te pide que sueltes algo, suéltalo.

Va a doler, pero soltarlo dolerá menos, confía en mí.

Si demora, en realidad no está demorando: Confía en sus tiempos.

Si te llama y clama en tu interior por algo: Escucha, da el salto, confía en Él.


Deja que Dios sea dios, tú ríndete y disfruta del viaje.

Disfrutalo.

Comentarios

Entradas populares