La Crisis Espiritual que la Psicología No Puede Resolver
La Crisis Espiritual que la Psicología No Puede Resolver
“Mira, solo esto he hallado: que Dios hizo rectos a los hombres, pero ellos se buscaron muchas artimañas.” - Eclesiastés 7:29
¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir: "Estoy en terapia, tomo mis medicinas, pero sigo sin paz"? En el presente, con una creciente lucha y malestar en esta dimensión mal llamada "salud mental", vemos que las posturas seculares frente a esta lucha no están dando abasto:
Tenemos más conocimientos del cerebro, la mente y avances psicofarmacológicos que nunca en la historia, sin embargo, estos no tienen éxito para hacer retroceder esta problemática creciente en el mundo.
Algunas de estas complicaciones pueden atribuirse a una variedad de factores que pueden abordar desde la inaccesibilidad de los tratamientos psicológicos o psiquiátricos por el alto cargo de los tratamientos, la inconsistente aplicabilidad exitosa de los hoy más de 500 tipos de métodos psicológicos y desde esto, la problemática subyacente de la “calidad” del profesional a tu alcance, lo cual juntos presentan la enorme presión para el potencial paciente a tener que elegir una u otra ruta la cual podría traer un fin a su angustia “mental”... O no.
La práctica que no da abasto
El desarrollo de nuevas metodologías y la reescritura de unas tantas otras con sus versiones modernas se presentan en sí como un panorama desesperanzador que no parece estar avanzando hacia alguna “conclusión” sobre la forma correcta de abordar esta problemática, la cual a diario se cobra 6 vidas por suicidio al día en Chile, sino en cambio hablan de una práctica la cual está fracasando para lograr su cometido:
Divorciar con éxito y dominar esta problemática de forma laica y distanciada de lo que la Palabra de Dios nos ha revelado hace cientos de siglos sobre esta cuestión tan inalcanzablemente real que es la del espíritu que sufre en su distancia con Dios; con el amor perfecto que sólo en Él encontramos.
Porque si bien la psicología no está abiertamente en contra de la religión o la fe como tal, esta se construye sobre una base antropológica que desconoce la existencia de un alma y, en los mejores casos, mantiene una postura agnóstica frente a cualquier nivel de trascendentalismo que ilumine el propósito del ser humano y su composición profunda. Por esto, su integración tiende a ser superficial, al mismo grado con el que relativiza la existencia del humano que tiene en frente, viéndolo como una "realidad en sí misma": no atada a nada, que proviene de la nada y en camino a ese mismo lugar—la nada.
Cuando la Iglesia abdicó su autoridad
La cuestión importante aquí y ahora ya no es lo que el mundo hace, sino las vidas que se están perdiendo mientras nosotros no avanzamos con fuerza contra esto como Iglesia y autoridad espiritual.
Por nuestra parte y como comunidad Cristiana, hay una crítica importante que hacernos respecto a esto porque hemos desertado nuestras responsabilidades y la autoridad que la Palabra de Dios nos confiere para emprender y liderar las luchas contra estas aflicciones, abdicandole así la autoridad a la psicología secular y sus métodos como primera fuente de verdad.
Porque en la medida que se ha hecho esto, cada vez las iglesias se han distanciado más y más sobre la autoridad que reciben frente a estas problemáticas y, tanto pastores como hermanos en la fe, hemos fallado en prepararnos y escudriñar en las escrituras y en nuestra propia historia como cristianos para descubrir todo aquello que la Palabra y el Espíritu Santo nos dejó sobre cómo navegar estas problemáticas en especial.
La tentación de reemplazar la Palabra
En la soberbia protestante he descubierto a mi dolor el tremendo rechazo que hemos tenido como denominación que, supuestamente, es cristiana primero y evangélica después, a revisar nuestra historia en la fe y aprender de quienes dedicaron sus vidas a estas cuestionas tan tratadas en la Palabra que es la salud espiritual, en específico, lo propio del alma.
Aquí tenemos a Santo Tomás de Aquino y a San Agustino encabezando estas reflexiones quienes sirviendo a nuestro Dios y Señor Jesús, también se enfrentaron a esta realidad pero en marcado contraste a los esfuerzos de este siglo, estos hombres de fe se fueron en contra y nuevamente se dirigieron a la Palabra como fundamento para descubrir lo que el Señor ya nos había revelado respecto a estas cuestiones en la Bíblia.
Porque hoy vemos más en la tarima a hombres en la fe quienes si bien no se atreven a citar, dan prédicas principalmente “psicológicas” y utilizan citas bíblicas para respaldar sus posturas, inadvertidamente así posicionando a la psicología moderna como autoridad en estas cuestiones, a pesar de su forma incompleta de ver esta problemática que es primera y principalmente espiritual.
Pero, ¡no vaya a verme alguien leyendo un texto de un católico! ¡Herejía! Mejor antes, abro el libro que escribió el “Tony Robbins” de turno y pongo un par de versículos para respaldar su veracidad; ¿de quién es el reino ahí, realmente? ¿Dónde nos estamos formando?
Todo esto hoy nos deja con cada vez menos hombres de fe en las congregaciones y más con influencers los cuales, si bien abren sus biblias, sus mensajes se ven más y más influenciados de un lenguaje moderno y secular para el cual referirse a estos tremendos problemas espirituales para así, de forma sutil, posiciona a la Iglesia como “el complemento dispensable” frente postulados concluídos por una corriente de pensamiento profundamente fragmentada e incapaz de librar esta lucha por sí sola.
El llamado es claro y clave aquí: Retomar la autoridad como Iglesia para hacer frente a la aflicción espiritual de este siglo para ofrecer la verdadera restauración, que es en Cristo Jesús.
Retener lo bueno: psicología como complemento
La psicología cabe destacar siempre será un complemento y una herramienta a la cual, como en 1 Tesalonicenses 5:21 nos llama, debemos saber retener lo bueno, pero entendiéndola como una corriente que falla en comprender y asumir la presencia de un alma y una dimensión espiritual en nosotros a la cual no se le puede llegar sólo a través de cuestiones lógicas y conductuales, sino también han de ser profundamente templadas con la verdad en Cristo Jesús, que es su amor perfecto y verdad en el evangelio, el cual tiene el poder de transformar corazones y renovar mentes.
La realidad autosuficiente y autoreferente que postula la psicología fallará porque no concibe la posibilidad de un ser humano creado con un propósito pensado al cual su alma, con los mecanismos disponibles, se opondrá con el fin de incomodarnos y llevarnos hacia el deseable estado que es existir Coram Deo, o sea, en la presencia de Dios.
Así, la psicología secular interpreta esta inquietud del alma—esta incomodidad que nos lleva hacia el Creador—como una patología a ser eliminada. No comprende que esta misma resistencia es la brújula divina que nos guía hacia la verdadera restauración, el mecanismo por el cual Dios nos atrae hacia Él.
Incluso el pecado, que es aceptable y flexible por la postura psicológica que es fundamentalmente relativista, no concibe el efecto que éste tiene en el corazón y el alma del paciente y así, caerá en sus intentos de concebir una transformación profunda en el corazón renovado de forma saludable y correcta, la cual sólo puede ser regenerada bajo la luz de la verdad que es la verdad bíblica del bien que nos entrega la Palabra de Dios, y además con su intervención divina y presencia en nuestras vidas en el Espíritu Santo, en la oración y creciendo en espíritu a través de la Palabra.
El verdadero centro: Cristo libera y renueva
Pero ante todo esto, ante todas estas verdades y muchas otras más, como fe y como Iglesia, hemos abdicado nuestra responsabilidad y hemos limitado al evangelio a ser una cuestión puramente relevante sólamente para la vida después de la muerte, no poniendo énfasis en la Verdad que nos compartió Jesús que su propósito es liberar y hacer nuevas las criaturas que a Él le buscan, y en Él ponen su fe, lo que es parte de las tantas promesas y la libertad a la cual nos llama con todo su amor.
Es importante recordar: La psicología NO es el enemigo, porque así como un martillo puede golpear o construir una casa, se convierte en una herramienta más a la cual podemos hacer referencia en nuestra práctica en Cristo; NUESTRA irresponsabilidad lo es.
Es clave para el bienestar de nuestros hermanos y hermanas y quienes hoy sufren perdidos en lo que el mundo ofrece, el tomar en nuestras manos la Palabra, en formarnos y en profundizar en todo aquello que el Señor puso hoy a nuestro alcance para ser heraldos de esta verdad, recuperando así la autoridad frente a este sufrimiento y traer restauración para quienes hoy ahí fuera, ya perdieron toda esperanza de salvación y paz.


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