Una sensación que llama a detenerse


(Puente a ruta Laguna Aguas Blancas, 14 de marzo, 2026).

Asumí que podría ser estrés, por lo que me detuve para reflexionar sobre ese sentimiento y lo que podría querer decirme, pero: ¿Qué estoy buscando realmente?

Me encuentro con una paradoja constante, donde no sé si debo aprender a evitar detenerme y sentir para seguir empujando a quedarme en la acción o, por otro lado, a respetar estas pausas que me pido para prestar atención a lo que podría estar queriendo comunicarme a través del corazón...

No logro decidirme y comprometerme a un camino u otro; el miedo a cometer un error podría estarse interponiendo a hacer lo que sería genuino; a descubrir alguna verdad oculta.

Los frutos frente a esta situación me hablan de un miedo a detenerme y prestar atención a lo que siento, para pasar a privilegiar en cambio un estado de perpetuo movimiento para así, lograr evitar pensar y sentir; evitar ser.

Si mi paz está en el hacer, entonces, ¿no se convierte en un ídolo sobre el cual descanso, que se antepone a mi fe y a mi Dios?

Así, nuevamente, el fruto me habla de un estar deseando huir de algo; de mí mismo.

Me resulta desafiante el bajar el ritmo y dedicarme a la quietud a la que la Palabra nos invita (Salmos 46:10); me perturbo bajo la creencia doble que, por un lado, detenerme y hacerme consciente es inútil y por el otro, a que esta atención solo me lleva a sufrir y a sentirme peor.

- Gracias a Dios, son oleadas que cumplen su propósito y retroceden. -

... Pero es curioso, porque siento una inclinación natural a buscar esta forma de presencia en la escritura y la lectura, como si algo valioso estuviese encontrando aquí, ahora.

¿Será que me equivoco al mirar más allá de la presencia que me da el estar aquí, escribiendo y leyendo, como si hubiese algo más que debiese producir esta experiencia para valer la pena?

¿No es esto si no un síntoma más de un estilo de vida acelerado y que quiere quitarnos tanto como sea posible el valor a estar presentes?

¿Y qué realmente podemos disfrutar o experimentar si no solo en este momento presente? 

¿No es así un ejercicio práctico de perder nuestras propias vidas?

Una guerra contra el existir; la vida como un recurso solo destinado a producir algo más, de lo contrario, carece de valor... 

Amargo.

Dios, como me apasiona el escribir, inquirir, comunicar, dialogar; explorando estas ideas, desafiando los supuestos y escudriñando hacia la verdad.

Si mi Dios puso en mí esta inclinación, así como a tí la tuya: ¿Qué podemos hacer con esta, si no plantarla y regarla para dar el fruto de presencia, creatividad y gozo que nos ofrece?

En cambio, la enterramos entre piedras; entre espinos y cardos. En lugares donde no alcanzan a ser vistos por nadie, ni apreciados, donde no enriquecen ni dan lugar en su ejercicio a inspirar a otros a hacer lo mismo con sus propios talentos.

Porque el valor de hacer lo que a tí y a mí nos mueve va más allá de nosotros; abre las puertas a otros quienes hoy puedan estar en oscuridad, desconectados de sí mismos, a abrir sus corazones al mundo y así, traer algo más de sus luces a otros.

¿El cambio? Comienza aquí, no después.

Comienza contigo.

Apacible y paciente; el amoroso primer paso.

Porque el miedo no vencerá.



Comentarios

Entradas populares