Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado

Existe una carga que no fuimos creados para llevar.

No fuimos hechos para ser los dioses de nuestras propias vidas ni la de otras personas; responsables tanto de lo que hicimos mal, y lo que dejamos de hacer.

Porque la vida en su magnitud de factores e incidencias que coinfluyen para dar a lugar la realidad que vivimos: ¿Quién las puede entender, realmente?

Eclesiastés 8:17:

"y vi toda la obra de Dios, decidí que el hombre no puede descubrir la obra que se ha hecho bajo el sol. Aunque el hombre busque con afán, no la descubrirá; y aunque el sabio diga que la conoce, no puede descubrirla."

Pero insistimos, con dolor, pero con la ilusión de que un poco más allá del control que tomamos, encontraremos la vida deseada; libre del sufrimiento que es en realidad, la culpa del existir imperfecto en el cual somos todos parte.

Porque cuando somos responsables de lo que ocurre y no ocurre en nuestras vidas, por un lado, nos regala la sensación de control sobre nuestras propias circunstancias... ¿Pero vale esto el peso que es vivir sintiéndote responsable de todo cuando sale mal; por aquello que haces, podrías estar haciendo, o que no hiciste?

Esta experiencia está lejos de la Gracia, que es a la que nos llama Jesús en Su palabra como:

Mateo 11:28-30

"[28] Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. [29] Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. [30] Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera."

Me es notable cómo la mansedumbre y humildad se encuentran al centro de este mensaje, nos recuerdan que es necesario ser humildes y mansos para aceptar nuestra debilidad frente a la lucha que adoptamos para así, abrir nuestros corazones a confiar en Dios y entregarle nuestras cargas; Él sale a nuestro encuentro en nuestras debilidades:

2 Corintios 12:9

"Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí."

¿Quién conoce mejor a su creación que el mismo Dios quien nos creó; quien antes de existir ya sabía y tenía planes para nuestras vidas?

De llevar un tiempo sin leer la Biblia, te invito a leer el Salmo 139, el cual te ayudará a comenzar a abrir tu corazón respecto a cómo Dios no solo quiere ser nuestro Padre de pleno y de hecho, si no además que conociéndonos tanto mejor que nosotros mismos - con fortalezas y debilidades -, quiere que le busques y tengas una relación con Él, por tú bien y el mío:

Salmo 139:15-16

"[15] No estaba oculto de ti mi cuerpo,

cuando en secreto fui formado,

y entretejido en las profundidades de la tierra.

[16] Tus ojos vieron mi embrión,

y en tu libro se escribieron todos

los días que me fueron dados,

cuando no existía ni uno solo de ellos."

Aquel que nos conoció primero, quien nos creó y hasta el día de hoy sigue clamando por nuestro bien que volvamos a Él, sigue siendo el mismo Creador fiel el cual desde el primer día, tiene los mejores deseos para nuestras vidas:

  • Él tiene los mejores planes para nosotros.
  • No nos quiere ver ansiosos por nuestro futuro, porque Él es Dios.
  • Él espera que seamos fieles y confiemos en Él, no perfectos.
  • Él quiere darnos vida abundante y de gozo; que nos regocijemos en el día que nos dió.
  • Él pagó el precio justo por nuestro bien y la vida eterna que nos promete en su Palabra; no necesitamos hacer más que creer en aquel a quien envió (en Jesús) y aprender de lo que nos vino a enseñar.
Y al otro lado de esa calle, que podría resultar sospechosa o incluso ridícula de cruzar para algunos, está todo aquello que tu alma realmente anhela: La paz, el gozo, la serenidad; una existencia firmemente plantada en el amor que Dios nos tiene hoy y para siempre.

Porque realmente, todo se trata del amor, al final del día:

Lee 1 Corintios 13

"[13] Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor."

La invitación es a tomar la mochila que nos corresponde, soltando las cargas que no, para así abrirnos a vivir una existencia más plena, realizadora y desde el corazón; aquella en donde el perfecto amor hace retroceder al temor, como dice 1 Juan 4:18.

Así, libres de esta carga, sanando nuestro corazón en el amor de Dios, nos restauramos a disfrutar de nuestras vidas como los niños que fuimos y que podemos volver a ser en nuestro nuevo nacimiento, para los cuales es el Reino de Dios según Mateo 19:14:

  • Recuperamos la curiosidad y el gozo en las cosas pequeñas.
  • Podemos volver a estar profundamente presentes en cada cosa que hacemos.
  • Podemos descansar en el amor y la provisión que Dios tiene para nosotros.

  • Podemos confiar en sus planes y entregarnos de lleno a vivir y regocijarnos en Su obra; en todo aquello que Él hizo para nosotros.

  • Recuperamos el coraje y la verdad que antaño, fluía con naturalidad en nuestras palabras y que gradualmente, fuimos perdiendo en las presiones y responsabilidades del mundo.

Porque todo esto y tanto más está en el camino hacia la sanación, que está en el corazón enmendado que el Señor quiere crear para nosotros:

¿Y qué es el fruto de un corazón enmendado, si no el rescate de una naturaleza más pura y completa que es la que vivimos en nuestras infancias?

Tanto esto y más está en los planes del Señor para nosotros.

Invitemosle a nuestros corazones para que Él sea quien sane profundamente nuestras vidas y nos restaure hacia lo natural, lo presente, lo amoroso, lo paciente y en gozo.

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